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Se trata de un edificio con una nave única, un presbiterio no muy elevado y un pequeño pórtico integrado en el volumen de la nave, hoy en día convertido en un gran ventanal, separado de ella por una triple arcada. Actualmente, a la ermita se accede por una puerta lateral en la que se extiende una amplia galería porticada apoyada sobre dos pilares de sección rectangular en los extremos y entre ellos tres sobre elevadas columnas toscanas sobre plintos, que por su estilística podrían ser de finales del siglo XVI.

La capilla de San Antón es de planta cuadrada, cubierta por una cúpula semiesférica sobre pechinas, donde se encuentran pintados los cuatro evangelistas. Toda ella está pintada con una decoración densa y con un fuerte cromatismo que le proporciona un atractivo efecto visual, destacando sobre todo una ornamentación vegetal y animal, todo ello formando parte de una pintura mural religiosa de carácter popular.

Lo más curioso de este edifico es la torre, ligeramente desproporcionada, y de grandes pretensiones en comparación con las dimensiones de la ermita. En el año 1749 se anunció la ruina de torre, por lo que se tuvo que reconstruir, cogiendo como modelo la torre de la Iglesia de San Bartolomé, rematando de igual forma el campanario y finalizando hacia el año 1778.

La doble titularidad de la ermita, con ambos santos, ya se menciona a mediados del Siglo XVIII. El día 17 de Enero, se lleva a la imagen de San Antón en procesión desde su ermita a la iglesia parroquial donde se celebra la misa. Durante toda la mañana los vecinos llevan a sus animales a la ermita y dan vueltas a su alrededor y se realiza la tradicional rifa del «gorrino de San Antón». La noche anterior la gente se reúne en torno a las varias lumbres que se organizan por barrios en la localidad.

Ubicación