Es el único monumento histórico de la localidad, consagrada a la Virgen Purísima Concepción, patrona del pueblo. Es una construcción modesta y sencilla, sin pretensiones arquitectónicas, al estilo de las ermitas o capillas de pequeños núcleos aislados, construida con toda seguridad por los propios habitantes del lugar.
Sus orígenes, a pesar de que no existen documentos que lo prueben, se pueden fechar con toda probabilidad a inicios del siglo XVIII o quizá anterior, por ser ésa la fecha en la que comienzan los registros eclesiásticos. Es de planta rectangular, con altar mayor orientado al este y fachada principal hacia el sur, de gruesas paredes construidas en tapial y encaladas originalmente. En un lateral se encuentra la entrada al templo, construida con arco de medio punto en piedra de sillería con escudo muy deteriorado en la clave y molduras en las jambas. También se observan restos de pintura en algunos puntos de este arco con puerta de madera de aproximadamente medio siglo.
Adosada en un extremo, arranca la torre dividida en tres cuerpos a los pies de la iglesia, con forma troncopiramidal, fabricada en mampostería de piedras irregulares, hoy restaurada y rematada en tejado atípico a cuatro aguas.
En su interior podemos observar como elemento más destacado el artesonado en madera de su techo. Está compuesto de un armazón de gruesas vigas en sección cuadrada que cruzan la nave, uniendo las paredes transversalmente, dando solidez al edificio, y otras más livianas que soportan el tejado, en las que se apoya el entablado que da la riqueza artística al conjunto, recuerda al estilo mudéjar. En su interior podemos apreciar una figura tallada en madera de edad desconocida, que representa al niño Jesús con una esfera en su mano izquierda, conocido popularmente como el niño de la bola.