Los cucos o cubillos de Barrax son pequeñas edificaciones rurales, aisladas y dispersas por el paisaje manchego, que destacan por su técnica constructiva tradicional. Generalmente están construidos con piedra y barro, y en algunos casos únicamente con piedra seca, empleando una técnica artesanal basada en la colocación de hiladas de piedra en voladizo para formar estructuras en forma de ojiva con planta circular.
En Barrax y sus alrededores se conservan varios ejemplos de estas construcciones. Algunos cucos, como el de la Finca de Cañablanca, servían de refugio nocturno para labradores y pastores durante sus jornadas en el campo. Por otro lado, otros cucos ubicados dentro del municipio tenían una función diferente: protegían las bocas de los aljibes de donde bebían agua los sembradores y también se utilizaban como puntos de extracción de agua, indispensable en las primeras etapas de la mecanización agrícola, siendo fundamentales para el funcionamiento del primer tractor que llegó a Barrax.
Estas edificaciones son un testimonio del ingenio y la adaptación al entorno de las comunidades rurales, reflejando el modo de vida ligado a la agricultura y la ganadería en La Mancha. Los cucos no solo forman parte del patrimonio cultural de la región, sino que también evocan un pasado en el que estas pequeñas construcciones desempeñaban un papel esencial en la supervivencia diaria.